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miércoles, 2 de abril de 2014

Reflexiones sobre la violencia y la memoria

Resulta complicado iniciar un análisis de las movilizaciones más recientes sin dejarse llevar demasiado por la efusividad o la exasperación, desbordados a veces por acontecimientos, noticias y declaraciones de todo tipo. A pesar de ello, un intento analítico, con pretensiones de ser más útil en un plazo más amplio, exige a menudo una cierta recapacitación y frialdad a la hora de reflexionar sobre ello.

Y de nuevo salen a la palestra viejos debates y nuevas revisiones, que han rondado las movilizaciones obreras y populares durante décadas, sobre conceptos como violencia, organización, manipulación o memoria. Resulta incluso incomodo reconocer que estas discusiones se plantean casi de forma cíclica, como si las conclusiones sacadas en cada momento terminaran por olvidarse para volver a empezar de cero una vez más. Ya en 1908, el filosofo francés Georges Sorel, 1847-1922, especulaba en su obra “Reflexiones sobre la violencia”, sobre la diferencia entre la fuerza, entendida como los medios con que un Estado cuenta para coaccionar, controlar y someter a la legalidad a una sociedad, y la violencia, refiriéndose a los mecanismos que el proletariado tiene para contrarrestar y protegerse de esa “fuerza” burguesa y en última instancia derrotarla. En particular, incluso, Sorel pondría especial relevancia en el concepto de Huelga General, al que consideraba principal medio legítimo de la masa obrera para derrocar a ese régimen burgués, a la que interpretaba, por tanto, como una autentica acción de guerra imposible de desprenderse de lícita violencia proletaria. Después de más de un siglo, Sorel también atino casi de forma profética a la hora de referirse al parlamentarismo, en general, y al socialismo moderado, en particular, como medios para la domesticación de la clase obrera, aliados con la burguesía para el mantenimiento de una paz social protegida por la fuerza y prolongada mediante pequeñas concesiones.

Con lo que sin duda no contaba Sorel era con una de las armas más eficaces que el sistema ha perfeccionado hasta límites insospechados a día de hoy: la retórica. Es decir, la creación de un convincente discurso, amañado y manipulado, en el que un léxico y un enfoque perfectamente premeditado cumple un objetivo explícito: diferenciar, premiar o castigar determinados comportamientos. No es nada nuevo el que dependiendo de su actitud más o menos aceptable, de repente un manifestante, un parado, un estudiante… deja de serlo para convertirse en un violento o un radical. Por eso, se hace indispensable que un análisis ajeno al institucional cree su propio lenguaje y su propia interpretación más allá del impuesto como visible y posible por el poder. Resulta inquietante el calado que el discurso sobre la violencia, impuesto con un claro carácter tendencioso con el fin de señalar y dividir, sea también utilizado o incluso asumido por organizaciones o individuos próximos a las movilizaciones, haciendo un peligroso juego cómplice a las intenciones de quienes quieren que todo siga igual.

RADICAL:  adj. Perteneciente o relativo a la raíz. adj. Partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático. adj. Fundamental, de raíz. adj. Tajante, intransigente.

Resulta cuanto menos curioso que se reinterprete y se acepte el discurso de la violencia por parte del Estado de una forma tan extremadamente partidista. No se trata en sí mismo de un discurso pacifista sino de la totalización e institucionalización de esa violencia. Es decir, en ningún momento se habla de eliminar la violencia de una sociedad sino de demostrar que esta sólo puede ser utilizada de forma lícita por el propio Estado. Es en definitiva un discurso más relacionado con el sometimiento, la obediencia, el acatamiento y la sumisión que con el entendimiento y el dialogo. 

Las agresiones sufridas por la clase trabajadora desde que comenzó eso que nos han dicho que se llama crisis, las pérdidas de trabajos, de hogares, las condenas masivas a la pobreza, las pretensiones de regular nuestra propia salud, de interferir incluso en nuestros propios cuerpos… alimentadas con sangrantes declaraciones y ofensas, con políticas protectivistas del mercado, la economía y la banca… se han unido a las agresiones directas y físicas de los cuerpos policiales contra prácticamente todo aquello que se mueva, ya fueran ancianos protestando por la estafa inmobiliaria, o pescadores pidiendo pan y trabajo en Galicia, por señalar algunas de las últimas intervenciones. Tan sólo hay que tirar de hemeroteca para ver centenares de personas golpeadas, detenidas arbitrariamente, que han perdido ojos, testículos… No parece esta situación la más adecuada para dar lecciones de moral o ética. Lo ocurrido durante las movilizaciones de las Marchas de la Dignidad en el centro de Madrid, al fin y al cabo, no parece más que una respuesta lógica, un “hasta aquí hemos llegado”, a las prepotentes agresiones a las que la clase obrera se ha visto sometida en los últimos años. Se trata, por tanto, de un efectivo cabreo, de una situación llevada al límite transformada en indignación, pero sobre todo en una concienciación por parte de buena parte de la sociedad de que esto es, ha sido, y será un conflicto de clase. Sin duda, choca que, a diferencia de otros lugares o países donde las movilizaciones más contundentes han sido recibidas con orgullo por el propio pueblo, como una forma de demostrar su unidad y su disposición a no dejarse amedrentar más, el discurso pacificador, más que pacifista, cale no sólo entre los sectores más reformistas, sino también entre la gente que se dice a sí misma estar más cabreada con la situación.

A diferencia del tratamiento distinto que en ocasiones la prensa suele dar a este tipo de noticias según su procedencia progre o conservadora, en éste caso el contubernio mediático alrededor de la noticia ha sido unánime. Este discurso sobre la violencia y los violentos, sobre otro de esos grandes eufemismos utilizados en democracia como es la seguridad, resulta sospechosamente conveniente justo en el momento en el que la elaboración de una nueva ley sobre seguridad ciudadana, una de las más represivas de las últimas décadas, ha sido cuestionada en distintas ocasiones. Por tanto, todo lo ocurrido y su tratamiento, no deja de ser un episodio más en la oleada represiva que el movimiento más comprometido lleva sufriendo desde hace tiempo: detenciones masivas, investigaciones, asaltos a centros sociales, montajes judiciales y policiales… Una represión con carácter preventivo en muchas ocasiones, que necesita sin duda de un clima de alarma que la justifique, labor en la que los medios de comunicación se hacen indispensables. 

A todo ello se une la sorpréndete actitud de los cuerpos policiales tras la apabullante respuesta del pueblo a su enésimo intento de agresión. El hecho de que 1600 esbirros fuertemente armados con material antidisturbio y con plena aceptación de la deshumanización que su uniforme supone, fueran, por decirlo de una manera suave y entendible, derrotados, ha hecho aflorar aflicción y congoja entre quienes asumen con absoluta frialdad golpear a pobres y desdichados. En su situación les resulta comprensible protestar, incluso cortando la calle de forma ilegal, algo para lo que precisamente ellos cobran por impedir a final de mes. La actitud de los últimos días, algo llorica, no parece demasiado digna comparada con la extrema prepotencia y despotismo con la que suelen tratar al ciudadano.

A lo largo del mismo fin de semana, otro acontecimiento, también providencial, una vez más, consiguió dejar las movilizaciones en un segundo plano. El fallecimiento del antiguo presidente del gobierno Adolfo Suarez. Viene a colación precisamente en este texto porque hemos vivido en directo un maravilloso ejercicio de manipulación histórica y periodística. No ya tanto por el hecho de que algunos miles de personas se hayan unido a la élite política, económica y militar de este país en su homenaje, sino porque a diferencia de los cientos de miles de las movilizaciones que se sucedían a la par, éstos sí que parece ser representan a todo el pueblo español de forma masiva. La manipulación histórica cuenta con un ferviente aliado en la falta de memoria de una buen aparte del pueblo. De esta forma, que conveniente, resulta que manifestaciones, movilizaciones obreras, detenidos, presos, torturados, muertos en protestas a manos de la policía… no significaron nada en la conquista de las libertades sino que fue el Sr. Suarez quien, como un papa Noel moderno, nos regaló de buen grado toda nuestra felicidad. La misma persona responsable entre el 69 y el 73 de la manipulación informativa, del silencio de la represión franquista de cara a un lavado interno y externo de la imagen, como Director General de TVE, miembro de Falange durante toda su vida, ocupando su máximo cargo como Ministro del Movimiento, lo que es lo mismo lugarteniente de Franco en Falange,  y que colocó desde el primer momento en su gobierno a todos los elementos reciclados del franquismo que pudo colar. La Transición y los Pactos de la Moncloa, esa ley de punto final encubierta, no trajeron las libertades, sino que introdujeron mejoras en la sociedad para apaciguar las extremas protestas que el pueblo protagonizaba en esos años y que en cualquier momento parecía podían reventar este sistema. Libertades conquistadas, por cierto, en movilizaciones y manifestaciones que hoy se calificarían como violentas y protagonizadas por lo que hoy hipócritamente llamarían radicales, pero claro, eso eran otros tiempos, ¿no?. Alguien debería recordar en algún momento que durante el mandato como presidente del Sr. Suarez murieron más de 50 personas a manos de la policía en manifestaciones y protestas y otras 8 lo hicieron en los calabozos de una comisaria o la celda de  una prisión. O que en su primer año de mandato la policía cargo en casi 800 ocasiones contra manifestantes. Suarez y su cuadrilla de, ahora, nuevos demócratas, de la mano del sanguinario Martín Villa, su mano derecha, gestionaron de forma hábil las cloacas de la lucha contra el movimiento obrero más activo, contra el avance libertario, recordemos el montaje del caso Scala, y la lucha antiterrorista que servirían de base para los posteriores años de felipismo y eso que se conoció como guerra sucia. El último héroe nacional ha muerto, como dijo el periodista derechista, y antiguo redactor del diario franquista Arriba Fernando Ónega.

“Francisco Franco es uno de los grandes hitos de la Historia de España. Gracias a él y a su profunda obra constituyente, nuestro país cuenta hoy con un Estado moderno que no se cierra sobre sí mismo, sino que se proyecta sobre el mañana.
Jamás nadie logró crear las condiciones básicas de partida que Franco, identificado con su pueblo, supo levantar. El paso de los siglos no borrará el eco de su nombre. Con él, logró España ser Una, Grande y Libre. No se puede menospreciar la gigantesca obra de ese español irrepetible al que siempre deberemos homenaje de gratitud, que se llamaba Francisco Franco. Su obra perdurará a través de las generaciones”
                                                                              Adolfo Suárez. 20 de Noviembre de 1.975.


Una tercera España, por aquello de las dos Españas que se decía antiguamente, vivió ese fin de semana pendiente del enésimo partido del siglo entre Real Madrid y Barcelona. La representación de esa gran masa adormecida, despolitizada, pobremente entretenida y cómplice silenciosa. No resulta extraño que aquella famosa frase de A.Einstein sea recordada hoy con tanto ahincó en numerosas ocasiones: “Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.” A la que nos permitimos añadir otro famoso recordatorio del gran genio y científico: “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.”

En definitiva, un fin de semana de lo más entretenido en el que, durante 48 horas, asistimos a un repaso pormenorizado de lo que nos depara el mundo si todo esto sigue igual. Manipulación de la memoria y la historia para delimitar el presente. Manipulación del vocabulario, el análisis y la cotidianidad para encuadrar el pensamiento y la opinión. Manipulación de la información y la realidad para acotar los motivos, los testimonios, las relaciones y, en definitiva, la estructura social. Manipulación de lo posible y lo amoral, del bien y del mal con el fin de promover la resignación, la desesperación y la inmovilidad. En definitiva, la construcción de una gran farsa repetida hasta la saciedad, e impuesta como única posible realidad. Los viejos discurso de la violencia y la radicalidad, de la representatividad y de la nación, frente a los de la solidaridad, la autogestión y la clase. Y sin embargo, nada nuevo de verdad.
 
 

viernes, 31 de agosto de 2012

Radio 3 cancela 'Carne Cruda'


Comunicado de Javier Gallego, director y presentador del programa:

Queridérrimos oyentes,

Lamento muchísimo tener que comunicaros que la nueva dirección de Radio 3 y de RNE me acaba de despedir y ha levantado el programa "Carne Cruda" de su parrilla de emisión. Se cumplen desgraciadamente los temores que muchos me habíais manifestado y que yo había desestimado pues creí en la palabra del recién nombrado director de la emisora, Tomás Fernando Flores, que aseguró hace un mes que el programa continuaría la próxima temporada. A la manera del presidente del Gobierno, el nuevo responsable de Radio 3 responde lamentablemente al dicho "Donde dijo digo, digo Diego" aunque en su caso sería más apropiado decir "Donde dije digo, digo Tomás Fernando". Así, cuando fue nombrado director se comprometió conmigo a mantenerme en antena y a solo dos días de terminar el curso (y con todas las programaciones de radio cerradas, por cierto), me echa sin darme ni siquiera la oportunidad de despedirme en antena de vosotros, pues los programas de final del verano son grabados. Por eso lo hago desde aquí. Me pueden quitar el micrófono pero no la palabra. Y mucho menos, quienes no cumplen la suya.

La nueva dirección de la emisora, formada por Tomás Fernando y su segundo, Benito Pinilla, ha alegado motivos económicos para justificar mi cese y la retirada del programa. Por esa misma razón, hace un mes acepté una rebaja del 20% de mi sueldo y de la retribución del resto de colaboradores del programa, condición que hemos tenido que asumir todos los trabajadores externos de la casa para continuar en antena. Se supone que así cuadrábamos el exiguo presupuesto de la emisora. Pero ahora el equipo directivo dice haber encontrado inesperadamente un nuevo agujero presupuestario mayor del que creía y culpa a la anterior dirección de no haberle dejado las cuentas a su disposición. Solo le faltó a Tomás Fernando decirme que la culpa es de la "herencia recibida", por utilizar la terminología oficial del partido. La culpa es de la herencia y el culpable es Carne Cruda, por lo visto, pues es el único programa diario que va a ser suprimido de la parrilla, a pesar de haber doblado la "audiencia recibida" y de ser el espacio más seguido en Facebook de todo Radio Nacional. Pero no nos echaremos flores nosotros. Para echarnos ya esta Flores. Sí, nos ha echado Flores. Pero llenas de espinas.

Dice que nos echa porque el programa sale muy caro. No tengo ningún problema en publicar mi sueldo de autónomo, sin pagas extras ni derecho a vacaciones. Cobro alrededor de 1400 euros mensuales limpios después de pagar Seguridad Social, IRPF, el impuesto de sociedades y el resto de gastos de la empresa que tuve que constituir por exigencia de Radio Nacional, que trata así de evitar una relación directa con la persona física. Muchos de los colaboradores contribuyen desinteresadamente al programa y tres cobran una cantidad simbólica de 50 euros por colaboración después de haber trabajado gratis las dos primeras temporadas. El resto del equipo son contratados de RNE cuyos contratos siguen vigentes. Además, tras la noticia del despido, yo he ofrecido a Tomás Fernando Flores la posibilidad de negociar, lo que a él no parece habérsele ocurrido como solución. Me ha prometido consultarlo y llamarme. No lo ha hecho. No he vuelto a tener noticias suyas. Ni las puedo esperar de quien ya ha demostrado que no cumple lo que promete.

Por todas estas razones y por la forma poco verosímil en que me justificó su decisión, no pude creer a Tomás Fernando cuando se apresuró a decirme al cesarme que no era por motivos políticos, aunque yo ni siquiera los había sugerido. 'Excusatio non petita, acusatio manifesta' que decían los latinos, es decir, dime de qué te excusas y te diré de que te acuso. Yo acuso a la nueva dirección de Radio 3 de haberme engañado dos veces: cuando me dijo que seguiría y cuando me dice que no hay motivos ideológicos para que no continúe. Fui un ingenuo al creerle la primera vez. No seré tan idiota de creerle una segunda.

Su discurso y maneras se parecen tanto a las del actual Gobierno que cualquiera diría que el Gobierno está detrás. No voy a ser tan mal pensado. No está detrás. Está delante porque ni siquiera se molesta en ocultarlo. No han ocultado que les estorbaban periodistas que pueden ponerles en tela de juicio, como Ana Pastor, Toni Garrido o Juan Ramón Lucas, a los que han despedido cuando mas éxito tenían sus respectivos programas. Para ellos, mi respeto y admiración porque han caído por una causa digna y que los periodistas debemos dignificar: hacer periodismo. Lo dije cuando el Gobierno decidió tomar el control de la radio televisión pública gracias a su mayoria absoluta: Venceréis pero no convenceréis, como afirmó Unamuno. Hoy pienso que me equivoqué: ni vencen ni convencen. Convence el que tiene razones y ellos han demostrado que solo saben responder a los argumentos del contrario con la fuerza. Y no vencen porque cada decisión que toman les hace perder el escaso crédito que tienen entre gran parte de la ciudadanía, incluidos algunos de sus votantes.

Yo sí que siento que he ganado muchísimo en estos tres años fabulosos de radio. He ganado a la audiencia más viva, inquieta, exigente, combativa y bulliciosa que un programa puede desear, incluidos algunos críticos feroces que siempre conviene tener para la sana confrontación de opiniones. He ganado la posibilidad de hacer radio en libertad y el privilegio de compartirlo con un equipo esforzado y talentoso que se ha dejado la piel en las ondas. Ha sido un placer inconmensurable y un privilegio compartir con ellos y con vosotros tantas experiencias radiofónicas y periodísticas estimulantes y emotivas, tantas horas de discusión, ideas, lucha, indignación y pensamiento crítico. Ha sido una satisfacción aprender de los muchos errores y tener la oportunidad de enmendarlos y tratar de mejorarnos a cada paso. Os doy mi palabra de que lo hemos hecho lo mejor que hemos sabido. A los que dirán que tengo lo que me merezco, solo puedo darles la razón. De hecho, este programa y su audiencia es mucho mas de lo que esperaba como recompensa. Por eso sigo contento en este momento triste. Puede que me hayan quitado el programa y el trabajo pero ya no me pueden quitar lo radiado.

Sé que solo soy uno de tantos que pierde su empleo en estos días amargos. Sé que solo soy uno de tantos periodistas que pierde su trabajo en este país precario. Y sé que Radio 3 seguirá siendo una grandísima emisora sin el programa pues cuenta con una plantilla con mucho talento que hace un enorme trabajo con muy pocos medios. Lo que quiero decir es que yo soy uno más. Pero aparte de mi pena personal y de la que sentiréis muchos por la pérdida de Carne Cruda, creo que hay algo más importante que todos tenemos que defender. Parafraseando mi adorada película "Amanece que no es poco", todos somos contingentes pero la radiotelevisión pública es necesaria. Es necesario un medio de comunicación público independiente y crítico que sirva a los ciudadanos para controlar a este Poder. Y es más necesario que nunca cuando el Poder trata de gobernar a golpe de decreto y tijeretazo, sin control por parte del ciudadano y tratando de controlar hasta los pensamientos que éste tiene. Hay compañeros en Radio Nacional que tratan de salvaguardar su dignidad profesional y un periodismo decente en estos tiempos oscuros de purgas, censuras y consignas informativas que ya se están imponiendo en Radio Nacional. Les deseo suerte, fuerza y sobre todo, valor. Valor es lo que más necesitamos en estos tiempos.

Yo creo haber luchado por la radio pública desde dentro. Ahora me toca hacerlo desde fuera. Cuento con vosotros. Que la radio libre os acompañe.

Javier Gallego "Crudo"

NOTA: Carne Cruda tiene nuevas direcciones de internet en las que puedes seguir en contacto con nosotros.

Ante el previsible cierre de nuestro facebook, nos trasladamos a Carne Cruda Vive: http://www.facebook.com/carnecrudavive

También puedes seguir a la comunidad de oyentes que se ha organizado desde hace tiempo para evitar el cierre del programa: http://www.facebook.com/SalvemosCarneCruda

Y hemos abierto una cuenta en twitter: @carnecrudaradio